La Caída de RN

Renovación Nacional y la Unión Demócrata Independiente están juntos porque se necesitan, no porque lo quieren. Si compitiendo individualmente podrían obtener como mínimo las cuotas de poder que obtienen compitiendo en conjunto, se pondría fin a la Alianza por Chile.

Por ser una coalición necesaria, la distribución interna de poder a menudo acaba en negociaciones arduas y complicadas, que rara vez dejan satisfechas a ambas partes. Porque lo que le conviene a uno, no necesariamente le conviene al otro. Sin embargo, han decidido permanecer juntos durante las últimas dos décadas.

El origen de ésta paradoja está en la formación de la coalición en 1989, tras el retorno a la democracia. Si bien un clivaje ideológico agrupó a los partidos que se opusieron al gobierno militar en una coalición, y a los que estuvieron a favor en otra coalición, han sido las reglas electorales las que las han perpetuado.

Por un lado, las reglas de elecciones presidenciales dan por vencedor al candidato que logre más de 50% de los votos. Esto ha llevado a que los partidos busquen agruparse en coaliciones para obtener una mayoría que de otra forma sería imposible.

Por otro lado, las reglas de elecciones legislativas otorgan 2 escaños a la lista más votada si logra doblar en votos a la segunda lista más votada. Esta ha llevado que los partidos busquen agruparse en coaliciones para intentar doblar a la otra coalición, o bien para evitar el doblaje en contra.

En un comienzo, RN fue el partido más poderoso dentro de la Alianza. Se impuso a la UDI en todas las elecciones que siguieron el retorno a la democracia, lo que le permitió ser el controlador de las decisiones dentro de la coalición y preservar el poder al auto-designarse la mayoría de los cupos electorales.

En 2000 esta situación se revirtió. Si bien fue en gran parte debido a los constantes conflictos entre la UDI y RN, tres hechos específicos destacan como los responsables en el cambio en el balance de poder, donde la UDI finalmente reemplazó a RN como el partido más grande de la coalición.

El primer hecho lo protagonizaron Sebastián Piñera y Evelyn Matthei en 1993. En la batalla por la candidatura presidencial, el espionaje telefónico a una conversación de Piñera (Piñeragate) derrumbó la esperanza de ambos. Finalmente Matthei renunció a RN y se sumó a la UDI.

El segundo hecho se dio en el marco de las convenciones presidenciales de la Alianza el mismo año, cuando RN levantó a Manuel Feliú como candidato, pero las élites de la UDI unilateralmente decidieron reemplazarlo con un candidato de su propio sector: Arturo Alessandri Besa.

El tercer hecho se dio en las elecciones senatoriales de 1997, cuando la “campaña de las drogas” de Carlos Bombal (UDI) amartilló la de Andrés Allamand (RN) en Santiago Oriente. El ímpetu de la victoria llevó a que Joaquín Lavín (UDI), alcalde de Santiago, se auto-proclamara el candidato presidencial de 1999.

El exitoso–y sorpresivo–rendimiento de Lavín en las elecciones presidenciales de 1999 fue el principio de la caída definitiva de RN. La potente campaña de Lavín fue usada por la UDI como la inspiración para movilizar a todos los votantes de la derecha tras su causa.

En 2000, el mismo año que la segunda vuelta presidencial, la UDI por primera vez logró obtener más votos que RN en una elección. El hecho marcó el final del liderazgo de RN. En 2001, 2004, 2005, 2008 y 2009 la UDI fue el partido más votado de la Alianza.

El poder en la Alianza suma-zero. Cuando un partido obtiene poder, es a costo del otro. Y la historia muestra que el poder ha sido sistemáticamente transferido desde RN hacia la UDI. Sin un cambio significativo a las reglas electorales, RN está condenado a permanecer como el partido más pequeño de la derecha.

La Otra Distorsión del Binominal

La distorsión más conocida del binominal es que obliga a una lista obtener más de 66,7% para sacar electo a sus dos candidatos (doblaje). Otra distorsión menos conocida es que en algunos casos permite que candidatos con la tercera preferencia de la unidad electoral sean electos. Una nota publicada en La Tercera reportó los nombres de los beneficiados en 2009.

Senadores

XV Región: Jaime Orpis (UDI) fue electo con 56.390 votos. Pese a que Salvador Urrutia (ILD) obtuvo 47.087 votos, Fulvio Rossi (PS) llegó al Senado con 45.639 votos.

Diputados

Distrito 5 (Copiapó): Lautaro Carmona (PC) fue elegido con 17.022 votos. Anita Quiroga (DC) obtuvo 13.503 votos, pero Carlos Vilches (UDI) llegó a la Cámara con 13.159 votos.

Distrito 10 (La Ligua): Andrea Molina (ILB) ganó con 36 mil votos. Alfonso Vargas (RN) obtuvo 34.859, pero salió electo Eduardo Cerda (PDC), con 30.017 votos.

Distrito 12 (Villa Alemana): Arturo Squella (UDI) salió con 30.108 votos. Pese a que Amelia Herrera (RN) obtuvo 30.092, Marcelo Schilling (PS) la dejó en el camino, con 24.124 votos.

Distrito 20 (Estación Central): Mónica Zalaquett (UDI) resultó electa con 56.168. Alvaro Escobar (ILC) obtuvo 52.755 votos, pero el diputado es Pepe Auth (PPD), con 49.981.

Distrito 25 (Macul): Ximena Vidal (PPD) ganó con 43.794 votos. Pese a que Gonzalo Duarte (PDC) tuvo 29.876, Felipe Salaberry (UDI) consiguió el puesto con 28.444 votos.

Distrito 28 (San Miguel): Guillermo Teillier salió con 49.040 votos. Jorge Insunza (PPD) consiguió 36.004 votos, pero Pedro Browne (RN), con 31.882, ganó.

Distrito 41 (Chillán): Rosauro Martínez (RN) resultó electo con 42.385 votos. Si bien Paz Oyarzún (UDI) obtuvo 31.885 votos, Carlos Abel Jarpa (PRSD) se quedó con el escaño, al conseguir 24.093 votos.

Distrito 42 (San Carlos): Jorge Sabag (PDC) obtuvo 32.174 y salió elegido. Si bien Felipe Letelier (PPD) sacó 26.644 votos, Frank Sauerbaum (RN) se quedó con el puesto, con 22.861.

Distrito 51 (Nueva Imperial): Joaquín Tuma (PPD) fue electo con 16.327 votos. Pese a que José Inostroza (ILA) obtuvo 12.077 votos, José Manuel Edwards (RN) llegó a la Cámara con 11.275.

Distrito 59 (Coyhaique): El diputado David Sandoval (UDI) obtuvo 12.092 votos. Aunque Pablo Galilea (RN) consiguió 10.323, fue René Alinco (ex PPD) quien se quedó con el puesto, con 9.381.

No Todo está Perdido: Reforma Electoral y Reforma Tributaria

El gobierno de Piñera ha sido a lo más mediocre. Los errores no forzados han llevado al Presidente a obtener los niveles de popularidad más bajos de la historia democrática moderna. Esto ha afectado directamente la gobernabilidad, significativamente limitando la implementación de la agenda de trabajo que se prometió durante la campaña de 2009/2010.

Pero no todo está perdido. Para comparar con un gobierno de 4 años, el de Bachelet también tuvo un mal comienzo. Después de obtener niveles de aprobación presidencial cerca de su votación base (55%) en los primeros meses de gobierno, los índices rápidamente cayeron a estar entre 30% y 40% de aprobación. Esto solo se pudo revertir a partir del último año de gobierno, cuando finalmente pudo superar el 50%.

Si comparamos tendencias, vemos que tanto Bachelet como Piñera partieron con un alto nivel de apoyo, pero que se deterioró rápidamente. Para ambos, este sentimiento ciudadano se mantuvo durante los dos primero años de gobierno. Y si Bachelet pudo recuperar, y mejorar, su aprobación presidencial, Piñera también puede. Pero para hacer esto, es crucial elegir el camino adecuado.

Mi opinión es que una reforma electoral y una reforma tributaria no solo podrán revertir la tendencia de aprobación presidencial y mejorar la gobernabilidad, pero podrán posicionar a la Alianza en la mejor posición posible para enfrentar la elección presidencial de 2013. Ambas son reformas que son transversales a los partidos políticos y que recogen la simpatía de la ciudadanía.

Sin embargo, es importante enfocarse en cómo y cuándo llevarlas a cabo.

Reforma electoral debe ser el tema de gobierno en 2012. Hasta el momento, la reforma se ha tratado en círculos de élite–partidos políticos, comisiones ejecutivas y casas de estudios–que concuerdan en la necesidad de un cambio. Si no existe una demanda ciudadana es precisamente por su carácter político. El gobierno debe subrayar esta situación e incluir a los ciudadanos en su diseño.

En un año electoral (municipales 2012), un trato horizontal de este tema será recompensado por los votantes. Abrir el debate–en la medida de lo posible–a la gente mostrará el espíritu de transparencia y de democracia que hasta el momento han sido las principales criticas de la oposición. Además, Piñera tendrá en sus manos la posibilidad de ser visto como el padre del sistema político del siglo XXI.

Reforma tributaria debe ser el tema de gobierno de 2013. No sólo es una demanda ideológicamente transversal, pero es la salida del principal problema de Piñera: el conflicto de la educación. Es evidente que no se terminarán las demandas de los estudiantes en lo que queda del periodo. Pero es igual de evidente que un cambio al sistema de tributos es el comienzo.

Es necesario invertir al menos el mismo tiempo que se ha invertido en pensar un nuevo sistema electoral, en pensar un nuevo sistema de tributos. Hasta el momento han habido varias propuestas e ideas para un recambio, pero el gobierno debe darle el tiempo y la importancia que necesita. Si existe un compromiso de reforma tributaria, los ciudadanos entenderán que podrá esperar hasta 2013.

Una buena estrategia mediática deberá acompañar al gobierno en liderar estas dos reformas. Lejos de presentarlas como el gran proyecto de la derecha, el gobierno deberá silenciosamente buscar compromisos de todos los sectores para llevarlas a cabo. No hay duda que tras diseñar e implementar estas reformas, la gente tendrá una percepción muy diferente de Piñera y la Alianza.

Indicador Único

Tras publicar el Ranking de Encuestas 2.0, me llegaron varias comentarios vía e-mail. Una de las preguntas más recurrentes fue respecto a la utilidad del ranking. En este artículo contesto esa pregunta. Explico que su principal uso será para crear un indicador único de intención de voto. Para esto, voy a combinar el error-no-forzado de cada encuestadora con las características particulares de sus respectivas encuestas.

En términos prácticos, la lógica es la siguiente. Todas las encuestadoras tratan de predecir el resultado de una elección por medio de encuestas. Una forma de interpretar estos resultados es individual y directamente. Sin embargo, porque existen varias encuestas podemos usarlas todas para extraer la información relevante que nos entrega cada una. Para hacer esto, se agregan los datos de todas las encuestas en un indicador único (en este caso de intención de voto).

Ahora bien, dado las características particulares de cada encuesta (diseño metodológico, tamaño de muestra y fecha de trabajo de campo), es metodológicamente incorrecto ponderar sus datos mediante una regresión local o una media aritmética. Al agregar las encuestas, sin considerar sus características particulares, se introduce error. Por eso, propongo ponderar sus diferencias de acuerdo al error que suelen introducir, de forma que:

PESO DE CADA ENCUESTA =  Tamaño de la Muestra + Encuestadora + Fecha de Trabajo de Campo

En esencia, esta fórmula sostiene que existen tres fuentes de error en cualquier encuesta. La primera fuente de error es el tamaño de la muestra. Esto es funcional al margen de error. Por ejemplo, solo por diseño metodológico una encuesta que entrevista a 800 personas va fallar en sus predicciones por 3,4%, mientras que una encuesta que entrevista a 1,500 personas va fallar en sus predicciones por 2,5%. Esto se calcula con la siguiente fórmula (con nivel de confianza de 95%):

98 * n ^ (-.5)

La segunda fuente de error es el diseño metodológico particular de cada encuestadora. Este es el error que no explica el margen de error, o lo que yo denomino el error-no-forzado. Por ejemplo, si una encuesta con margen de error de 3% estima que la diferencia entre el candidato favorito y el segundo lugar es de 11%, y en la elección la diferencia es de 14,5%, esa encuesta tiene un error-no forzado de 0,5% ([14,5-11]-3). Esto se calcula a partir del ranking de encuestas.

La tercera fuente de error es la fecha del trabajo de campo de cada encuesta. Mientras más lejos sea de la elección, aumenta la probabilidad que sus predicciones estén más lejos de la realidad. Por ejemplo, si la misma encuesta de arriba fue hecha en Octubre para una elección en Diciembre, puede ser que los 2 meses entremedio la encuesta y la elección expliquen el 0,5% de su error-no-forzado. Esto se calcula dándole una esperanza de vida a cada encuesta:

0.8 ^ Número de meses desde que la encuesta fue publicada

Indicador Único

A medida que una encuesta se publica, se agrega a la matriz de datos. Por ejemplo, si la encuesta es nueva se le asigna un peso de 1. Si su encuestadora tiene un error-no forzado de 2,5%, se calcula su peso en relación a la mejor encuesta (que tiene un error-no-forzado de 0,7%), en este caso 0,007/0,025 = 0,28. Y si su tamaño de muestra es 1,505, se calcula su peso a partir de lo que se estima sería un tamaño de muestra promedio, 0,0294/0,0253=1,16.

Luego, se multiplican el peso de cada fuente de error de esa encuesta (1*0,28*1,16=0,32) para dar con un peso para esa encuesta. Eso se normaliza (dividiendo el peso de esa encuesta con el promedio del peso de todas las encuestas) para dar con la ponderación final. Finalmente, se multiplica el parámetro estimado de esa encuesta con su ponderación final para calcular su estimación ponderada. Esto se hace con todas las encuestas, y luego se promedia.

IPSOS: Metodología Sesgada

Dado que estoy suscrito a las alertas de Google, el 29 de Noviembre me llegaron cerca de 10 e-mails informándome que IPSOS había publicado una nueva encuesta. Una de las principales preguntas de la encuesta–sobre la popularidad presidencial de Piñera–reportaba un 36,1% de aprobación y un 63,9% de desaprobación.

Esto fue una sorpresa, dado que el 24 de Noviembre me llegaron cerca de 10 e-mails informándome que Giro País-Subjetiva había publicado una nueva encuesta con resultados significativamente diferentes. En su encuesta reportaron que Piñera contaba con un 20% de aprobación y un 72% de desaprobación.

Esta diferencia de resultados es una advertencia para aquellos que basan sus inferencias en una sola encuesta. Para todos los que están suscritos a las alertas de Google, es un llamado a tener cautela al momento de elegir encuestas favoritas. En este caso particular, voy a comentar los resultados de IPSOS, que pienso que tiene más problemas metodológicos que Giro País-Subjetiva.

Principalmente por su diseño metodológico. Sus encuestas son vía web. Esto tiene dos problemas. Primero, no sabemos bien que significa vía web. No sabemos si la gente que contestó la encuesta entró a un sitio por voluntad propia para contestar la encuesta o si se les fue enviado vía e-mail para que contestaran. Segundo, no sabemos cómo se eligió a la gente para que contestara la encuesta.

Estas dos cosas no son triviales. Tienen efectos drásticos sobre los resultados de la encuesta. Por un lado, encuestas vía web tienen problemas para representar la la población en la muestra. Bajo la teoría de probabilidades, las encuestas deben ser aleatorias, para que toda la población tenga la misma probabilidad de contestar. Solo por principio, una encuesta vía web no es aleatoria.

Por otro lado, el margen de error es un estimador sesgado. En la presentación de la encuesta se sostiene que el margen de error “está basado” en la teoría de probabilidades. Pero dado que no sabemos si la encuesta fue aleatoria, no le podemos asignar un margen de error. Estratégicamente, IPSOS calculó el margen de error usando la fórmula para encuestas que son al azar.

Un margen de error con 95% confianza para una muestra colectada al azar, se calcula con la siguiente fórmula:

98 * n ^ (-.5)

En este caso, IPSOS entrevistó a 800 individuos, por lo cual el margen de error es 3,43%–confirmando que utilizaron este método. Pero no clarifican que su muestra está recolectada al azar!

Aún así, podemos comprobar que la encuesta no es al azar, porque generosamente muestran una tabla descriptiva de los datos demográficos de aquellos que contestaron la encuesta. En su muestra 58% es ABC1, cuando en el Censo es solo 6%. Además 54% son de la Región Metropolitana, cuando en el Censo es solo 40%.

Caveat emptor. Mi intuición es que la encuesta esta sesgada hacia Piñera. Creo que su aprobación verdadera es bastante más baja de lo que reporta la encuesta ISPOS. Por ejemplo, ya sabemos que ABC1 esta sesgado a aprobar a Piñera, lo cual distorsiona substancialmente los resultados. La aprobación real de Piñera, basado en lo que he revisado en la tendencia, está más cerca del 25%.

Ranking de Encuestas 2.0

Uno de los objetivos de tresquintos es analizar encuestas de opinión pública. Una forma de analizar encuestas es tender inferencias cada vez que una encuestadora publica una encuesta nueva. Otra forma de analizar encuestas es tender inferencias en base a múltiples encuestas, de múltiples encuestadoras distintas. Los que conocen el terreno de la opinión pública en Chile sabrán que la segunda forma no es nada de fácil. Las encuestas difieren en varios aspectos. Tienen diferencias significativas en sus ‘diseños metodológicos’, ‘tamaños de muestra’ y ‘fechas de trabajo de campo’.

Durante la campaña presidencial de 2009 hubo un par de sitios que intentaron tender inferencias en base a múltiples encuestas, al ponderar varias de ellas en un indicador único que intentaba representar el valor real de la intención de voto para cada candidato. El sitio TodoPolítica solo consideró las 4 encuestas más recientes. Promedió el valor de la última encuesta con las 3 anteriores en una regresión local para generar su indicador único. El sitio Vota 2009 de La Tercera tuvo una aproximación similar. Ponderó todas las encuestas con una media aritmética para dar con su propio indicador único.

En ambos casos, encuestadoras y encuestas fueron comparadas par a par. En el caso de TodoPolítica, las encuestas presenciales que entrevistaron a más de 1,000 personas con un margen de error de 3,0% fueron consideradas igual de relevantes que las encuestas telefónicas que entrevistaron a 600 personas con un margen de error de 4,5%. En el caso de Vota2009, las encuestas que se realizaron durante fines de 2008 (más de un año antes de la elección!) fueron consideradas igual de relevantes que las encuestas que fueron realizadas a fines de 2009 (menos de un mes antes de la elección!).

Comparar encuestadoras y sus encuestas involucra un proceso metodológico complejo. Justamente porque todas las encuestas difieren, las respectivas proporciones de intención de voto que reportan tienden a ser distintos. Por ejemplo, podemos anticipar proporciones diferentes dependiendo si las encuestas son presenciales o telefónicas, o si los entrevistados son seleccionados por cuota o de forma aleatoria. Incluso si todas las encuestadoras tuvieran las mismas características particulares, es probable que observáramos diferencias en sus resultados.

Para crear un indicador único sin sesgo, es importante partir de la base que todas las encuestadoras tienen características particulares distintas y todas sus encuestas introducen error en sus predicciones. El primer paso es asignarles mayor peso en el indicador único a las encuestadoras que tienen encuestas que introducen menos error en sus predicciones. Para determinar que encuestadora tiene menos error, mire las encuestas que sondearon intención de voto para la primera vuelta de la elección presidencial de 2009. En total, consideré 12 encuestadoras:

  • CEP
  • CERC
  • Direct Media
  • El Mercurio-Opina
  • Giro País (Subjetiva)
  • Imaginacción
  • IPSOS
  • La Segunda (UDD)
  • La Tercera
  • MORI
  • TNS-Time
  • UDP

Para crear el ranking, se necesita un mínimo nivel de homogeneidad entre las encuestadoras. Es decir, se debe usar datos que midan lo mismo. No todas las encuestas reportan el porcentaje de encuestados que se declara registrado para votar. Por ejemplo, la encuestadora CERC excluye nulos, blancos y abstenciones. Es decir, la intención de voto por candidato suma 100%. Las otras encuestas, en cambio, sí reportan nulos, blancos, abstenciones, por lo cual los votos válidos suman menos de 100%. Para homogeneizar las encuestadoras, normalicé los datos de todas las encuestas a 100%.

Si suponemos que todas las encuestadoras diseñan sus encuestas metodológicamente bien, deberíamos esperar que aquellas con un menor margen de error (o un mayor número de encuestados) tengan una mejor capacidad predictiva. Sin embargo, el siguiente cuadro muestra que no hay una asociación entre margen de error y capacidad predictiva. Algunas encuestas con un bajo margen de error fallaron más que otras encuestas con un alto margen de error. Por ejemplo, la encuestadora con el menor margen de error (Ipsos, con 2,5%) tuvo la octava mejor predicción (de doce!) de intención de voto para Piñera.

Eso es suficiente evidencia para sostener que el margen de error no es la única fuente de error en las encuestas. Si el margen de error fuera el único error de las encuestas, todas las encuestas tendrían una predicción correcta, dentro de su margen de error. En esencia, esto significa que las encuestadoras introducen un error natural a partir de su particular proceso metodológico. Para medir el error de cualquier encuesta, propongo aislar sus fuentes de error en una parte provista por la encuestadora y una parte no provista por la encuestadora:

ERROR REAL = Error Reportado + Error-No-Forzado

Ahora bien, en vez de mirar el error de cada encuesta en las predicciones de cada candidato, decidí fijar un parámetro de estimación. Principalmente porque es común que una encuesta reporte una predicción correcta para un candidato, pero falle significativamente en su predicción para el resto. Por ejemplo, MORI hizo la segunda mejor predicción de votación para Piñera, pero tuvo mayor error que el resto de las encuestas en la predicción de votación para los otros candidatos.

En este caso el parámetro de estimación más importante es el que mide la diferencia en votación entre los dos candidatos con más preferencias. Esto tiene sentido porque a menudo sabemos quién es el favorito, pero no sabemos por cuánto. En elecciones competitivas esta distancia es crucial. Si ambos candidatos giran en torno al 50% de las preferencias,  lo importante es conocer la distancia entre ambos. Por ejemplo, en 2009, todas las encuestas reportaron a Piñera como favorito, pero todas con distancias de Frei diferentes.

Error Reportado

El primer paso es estimar el Error Reportado. Esta es la diferencia entre la predicción del parámetro de cada encuesta y el parámetro real. Es la forma más básica de medir el error de una encuesta. El siguiente cuadro muestra el error reportado para el parámetro de estimación. La columna ‘Parámetro Estimado’ es la predicción del parámetro (la diferencia entre Piñera y Frei). La columna ‘Error Parámetro’ es la diferencia entre parámetro estimado y el parámetro real. La columna ‘Error Reportado’ es el valor absoluto de ‘Error Parámetro’.

El índice de mayor interés es ‘Error Reportado’, que muestra la distancia absoluta del parámetro estimado de cada encuesta y el parámetro real (14,5%). El promedio de error reportado de todas las encuestas fue de 3,7%. Esto significa que en general las encuestas hicieron buenas predicciones, haciendo una estimación relativamente cercana al resultado de la elección. De todas las encuestas La Segunda/UDD tuvo el error reportado más bajo (0,05%) con una predicción de 14%, mientras que ICSO-UDP tuvo el error reportado más alto (7,9%) con una predicción de 6,6%.

Error-No-Forzado

El segundo paso es estimar el Error-No-Forzado. Esta es la diferencia entre el error reportado y el margen de error. Es lo que el margen de error no explica en el error reportado de la encuesta. El siguiente cuadro muestra el error-no-forzado para el parámetro de estimación. La columna ‘Error Reportado’ es el valor absoluto de ‘Error Parámetro’. La columna ‘Margen de Error’ muestra el margen de error que reporta la encuesta. La columna ‘Error No Forzado’ es la diferencia entre el error reportado y el margen de error.

El índice de mayor interés es ‘Error No Forzado’, que muestra el error que tiene una encuesta, que no puede ser explicado por su margen de error. Un índice negativo significa que la encuesta tuvo una predicción dentro de su margen de error. Un índice positivo significa que la encuesta tuvo una predicción fuera de su margen de error. De las 12 encuestas, 5 estuvieron dentro de sus margenes de error. De las 7 encuestas restantes, Imaginacción tuvo un error-no-forzado más bajo (0,7%), y UDP tuvo el error-no-forzado más alto (5,2%).

Error-No-Forzado Relativo

El tercer paso es estimar el Error-No-Forzado Relativo. Esta es la diferencia entre el error-no-forzado de cada encuesta y el promedio de error-no-forzado de todas las encuestas. Esto permite estimar la capacidad predictiva de cada encuesta en base a la capacidad predictiva promedio de todas las encuestas. El siguiente cuadro muestra el error-no-forzado relativo. Las columnas ‘Margen de Error’ y ‘Error No Forzado’ son lo mismo que arriba. La columna ‘Error No Forzado Relativo’ es la diferencia entre ‘Error No Forzado’ y el promedio de ‘Error No Forzado’.

El índice de mayor interés es ‘Error No Forzado Relativo’, que muestra el error que tiene una encuesta, en comparación con todas las encuestas. Un índice negativo significa que la encuesta tuvo un error-no-forzado menor que el promedio de todas las encuestas. Un índice positivo significa que la encuesta tuvo error-no-forzado mayor que el promedio de todas las encuestas. Por ejemplo, La Tercera tuvo un error-no-forzado de 1,4% menos que el resto de las encuestas. Asimismo, Giro País/Subjetiva tuvo un error-no-forzado de 0,03% más que el resto de las encuestas.

Personalmente, tengo algunas aprensiones metodológicas con las características particulares de algunas de las encuestadoras que figuran en la parte superior del ranking. Principalmente con los tamaños de las muestras y los métodos de recopilación de datos. Sin embargo, el ranking esta construido en base a la capacidad predictiva de las encuestas, y no a sus características metodológicas. Para efectos de un ranking, las encuestas que tienen a introducir un error-no-forzado relativo menor deben tender a figurar en la parte alta de la tabla.

Un argumento en contra de este punto es que no todas las encuestas son predictivas. Dado que algunas encuestas se hacen con meses de anticipación a la elección (e.g., UDP), las encuestadoras pueden argumentar que su encuesta es solo una foto del momento. La respuesta es simple. Cuando una encuestadora decide preguntar sobre “la elección del próximo Domingo”, esta haciendo una predicción. Además, si cada año electoral la encuestadora hace la misma pregunta con la misma distancia de tiempo a la elección, podremos fácilmente anticipar su error real.

Las Tres Etapas de Piñera

Una simple mirada a la popularidad de Sebastián Piñera muestra un constante declive en su aprobación presidencial y un constante aumento en su desaprobación presidencial. Si miramos los datos a nivel agregado, y ploteamos una línea de tendencia continua de todas las encuestas que han sondeado su popularidad desde que asumió en Marzo de 2010, vemos un patrón de deterioro paulatino.

Sin embargo, si miramos con más detención el patrón de las encuestas a nivel desagregado podemos identificar varios puntos de inflexión. Por ejemplo, en algunos artículos anteriores (ver aquí y aquí) argumenté que a diferencia de los presidentes de la Concertación, la popularidad de Piñera es más dependiente de factores coyunturales (mineros, protesta de estudiantes) que de factores estructurales (economía, inflación).

Por eso, decidí dividir el gobierno de Piñera en tres periodos, separándolos por los dos factores coyunturales que creo que han sido más decisivos. El primer factor coyuntural es el rescate de los mineros, en septiembre de 2010. El segundo factor coyuntural es el nacimiento de los conflictos estudiantiles, en marzo de 2011. Es decir, los tres periodos son (marzo 2010 – septiembre 2010), (septiembre 2010 – marzo 2011) y (marzo 2011 – octubre 2011).

Esta técnica estadística está basada en el diseño de regresión descontinuada (regression discontinuity design). Es un método comúnmente usado para determinar el efecto causal de ciertos factores, al asignarlos como un tratamiento exógeno en un escenario donde no se les puede considerar al azar.  Al comparar las observaciones a cada lado del tratamiento, se puede estimar su efecto.

El cambio de dirección en las líneas de tendencia es notorio. En el primer periodo hay un incremento paulatino en la aprobación presidencial del Piñera. Esto puede ser explicado por la etapa de luna de miel que tiene una presidente al inaugurar su periodo. Pero también hay un incremento en la desaprobación. Esto puede ser explicado por los conflictos de interés, el efecto post-terremoto y la instalación de un nuevo gobierno que naturalmente contribuye a retrasar el trabajo.

Tras el peak de popularidad en septiembre de 2010, hay una importante caída en la aprobación presidencial y un aumento en la desaprobación. Los seis meses hasta Marzo de 2011 muestran la peor etapa del gobierno de Piñera. Esta etapa comienza tras el crepúsculo de la luna de miel, cuando la gente comienza a exigir resultados concretos. La inhabilidad del gobierno de producir estos resultados y sus constantes conflictos de interés terminaron por hundir la esperanza de tener un gobierno nuevo.

El tercer periodo comienza con el conflicto estudiantil en marzo de 2011. Es cuando los problemas de la segunda etapa se solidifican. En vez de comenzar una reversión en la tendencia de popularidad, las protestas y manifestaciones de los estudiantes ayudan a marcar la inclinación negativa que había comenzado tras el rescate de los mineros. Es decir, contrario a lo que muchos exponen, los estudiantes no causaron la baja en la aprobación, simplemente la intensificaron.

Esta evidencia contribuye a la teoría que la popularidad de Piñera es peligrosamente susceptible a cambios coyunturales. Esto, lejos de ser algo positivo, es una amenaza a la gobernabilidad. Es difícil prever el éxito de un gobierno cuando pequeños o medianos cambios en el comportamiento de los ciudadanos interfieren de forma drásticamente en sus proyectos. De seguir igual, anticipo un patrón estancado en la popularidad.

El Factor Bachelet

La compleja situación política por la cual pasa la Concertación es representativa de su dificultad para respaldar un candidato presidencial único para 2013. Hasta el momento se barajan alrededor de 11 nombres: Ignacio Walker, Claudio Orrego, Ximena Rincón, Soledad Alvear, Michelle Bachelet, Fulvio Rossi, Osvaldo Andrade, Ricardo Lagos Weber, Carolina Tohá, Guido Girardi y José Antonio Gómez. La principal dificultad ha sido decidir el método de selección del candidato único. Mientras algunos piden nominar de forma directa a Bachelet, otros piden fijar primarias.

La nominación directa tiene la ventaja de unificar a todos los partidos tras la popular figura de Bachelet. Sus partidarios esperan que esta estrategia se consolide como una especie de blindaje a las críticas de la Alianza. Además permite construir una ofensiva poderosa en los últimos años del gobierno de Piñera. Pero tiene la desventaja de abrir un flanco para que candidatos dentro–o fuera–de la coalición compitan por fuera. En el peor de los casos podría repetirse lo de 2009, cuando las élites decidieron nominar a Frei como candidato, indirectamente potenciando la candidatura de Marco Enríquez-Ominami.

Por estas razones ciertos sectores dentro de la Concertación han pedido fijar primarias. Algunos han pedido primarias abiertas, aceptando incluir a candidatos que no militan en los partidos de la coalición. Esto permitiría la entrada de Enríquez-Ominami y Andrés Velasco en la boleta. Otros han pedido primarias cerradas, justamente para prevenir la entrada de independientes y descolgados. En ambos casos los resultados difieren substancialmente. Por ejemplo, el número de candidatos aumenta considerablemente en primarias abiertas respecto a primarias cerradas.

Pero para determinar el mejor método de selección del candidato presidencial, es importante saber cuáles son las intenciones de Bachelet. En un artículo anterior argumenté que su silencio es un factor divisor. Mientras no manifieste su intención de aceptar o rechazar una candidatura, persistirán los problemas intra-coalicionales. Dado que el escenario cambia dramáticamente dependiendo de su disposición, es difícil ver que se pueda tomar una decisión antes de que ella hable. El siguiente cuadro muestra la alta probabilidad de que Bachelet sea la candidata única en 2013.

Si bien es altamente probable que Bachelet sea la candidata única de 2013, si decide no competir también logra influir en la selección del candidato presidencial. Principalmente porque fuerza primarias. Es difícil concebir un escenario donde los partidos de la Concertación concuerden en nominar un candidato único que no sea Bachelet. Ninguno de los 10 nombres restantes recoge el apoyo transversal que obtiene Bachelet. Además, si las primarias son vinculantes, logran evitar potenciales candidaturas paralelas por fuera.

Si Bachelet decide no competir, y las primarias son abiertas mi intuición es que Enríquez-Ominami y Velasco tienen una alta probabilidad de ganar. En un artículo anterior anticipé que el clivaje de 2013 sería uno de sistema/anti-sistema, lo cual es mejor representado por candidatos descolgados e independientes. Entre ambos, me parece que los votantes pueden favorecer a Enríquez-Ominami, dado que Velasco compite contra los militantes de la Concertación. Mientras Enríquez-Ominami cuenta con un voto duro dentro de algunos sectores, el apoyo de Velasco está en un estado incipiente.

Por otro lado, si Bachelet decide no competir, y las primarias son cerradas mi intuición es que disminuirá el número de candidatos. En vez de que cada partido nomine a cada uno de los potenciales candidatos como un pre-candidato, cada partido nominará a su militante más competitivo. En este caso, especulo que Walker tiene una ventaja sobre Tohá y Gómez. Principalmente porque tiene mayor apoyo en los sectores moderados, los cuales son más y por ende tienen una mayor probabilidad de votar en primarias voluntarias.

En definitiva, todo depende de Bachelet. Mientras Bachelet no hable, las elites de la Concertación no podrán decidir qué tipo de selección de candidato presidencial utilizarán para 2013. En el escenario que Bachelet decide competir, la evidencia apunta a que será la preferida tanto por las elites como por los ciudadanos que decidan votar en primarias. En el escenario que Bachelet decide no competir, la evidencia apunta a que Enríquez-Ominami o Walker serán los favoritos.

Bachelet 2013 y la Sobrevivencia de la Concertación

Desde que Michelle Bachelet dejó La Moneda en 2010, ha sido la figura pública con mayor adhesión en las encuestas de opinión pública. También ha liderado los sondeos entre los potenciales candidatos para la próxima elección presidencial. El bajo nivel de rechazo y el alto nivel de apoyo ha llevado a un sector dentro de la Concertación a pedir su pronta nominación como la abanderada de la coalición para las elecciones de 2013.

El sector que plantea nominar a Bachelet cuanto antes descarta negociar con candidatos independientes y descolgados–Andrés Velasco y Marco Enríquez-Ominami. Buscan nominar a un candidato militante del cual exigen un gobierno sustentado en lealtades partidarias. Al nominar a Bachelet desde las elites, la Concertación evita la amenaza de fraccionar a los votantes de cara a una potencial segunda vuelta y potenciar a los partidos de su coalición.

Otro sector plantea nominar un candidato militante de la Concertación, pero por medio de primarias. Estos apuntan a renovar las cúpulas de líderes al permitir a todos los militantes que quieran levantar una candidatura. Dentro de este grupo también hay quienes apoyan incluir a independientes y descolgados en la nómina. Al establecer primarias, abiertas o cerradas, la coalición vincula a los aspirantes a apoyar al candidato único.

Si bien los dos sectores incluyen estrategias diferentes para lidiar con la candidatura de Bachelet, ambas representan una amenaza a la sobrevivencia de la Concertación. El primer sector propone reiterar el error de la Concertación en 2009, cuando al nominar a Frei implícitamente impulsaron la candidatura de Enríquez-Ominami. El segundo sector propone homologar el peso de Bachelet al de candidatos que no tienen apoyo en las encuestas (e.g. Claudio Orrego, Carolina Tohá).

El factor común de ambas estrategias es usar a Bachelet como punto de referencia. Si bien es algo inevitable, dado sus altos índices de apoyo en las encuestas, se está consolidando como un factor divisor por sobre uno unificador. Es probable que Bachelet sea parte del problema más que parte de la solución. Mientras Bachelet no manifieste su intención de levantar o declinar una candidatura en 2013, seguirán los conflictos intra-coalicionales.

Reforma Electoral Gradual: Mala Estrategia

La semana pasada ProyectAmérica (PA) y el Centro Democracia y Comunidad (CDC) presentaron su propuesta de reforma electoral. El objetivo general de la propuesta es instalar la igualdad del voto, mejorar la representatividad, fortalecer la gobernabilidad y aumentar la competencia. A primera vista la propuesta parece ser un aporte positivo y un proyecto políticamente viable. Responde a los criterios básicos exigidos por los partidos de la Alianza, y apunta a mejorar los aspectos del sistema electoral que han sido constantemente criticados por la Concertación desde los noventas.

Pero una mirada más crítica nos muestra todo lo contrario. La propuesta tiene tantos problemas de viabilidad como de finalidad.

El primer problema es la estrategia de dos fases que propone para lograr su objetivo:

La primera fase considera el término del binominal por la vía de aumentar el número de escaños y el número de candidatos en base a una proporcionalidad de base regional, sin redistritaje. La segunda fase considera un nuevo cálculo de las proporciones exactas de los distritos a través de un redistritaje basado en el Censo de 2012, que deberá ser elaborado antes de la elección parlamentaria de 2017.

El problema con esta estrategia es que lo más probable es que la reforma se detenga tras implementar la primera fase. En un artículo anterior mostré que dentro de los partidos de la Alianza, solo RN estaba dispuesto a negociar cambios al sistema binominal. Pero el cambio más drástico propuesto por RN es solo aumentar el número de legisladores electos por distrito y circunscripción. Esto es consistente con la primera fase propuesta por PA y el CDC. De hecho demasiado consistente. Tanto la propuesta de RN como la de PA y el CDC proponen aumentar el número de diputados electos en 30 (de 120 a 150) y el número de senadores electos en 12 (de 38 a 50). Es decir, tras la primera fase, es difícil esperar que los partidos de la Alianza estén dispuestos a continuar la reforma propuesta en la segunda fase. Cuestiono seriamente la viabilidad de una reforma electoral que en su primera fase permita a la Alianza entregar el 100% de su oferta.

Este cuestionamiento es aun más nitido al mirar la disposición política de los partidos al momento de reemplazar el sistema binominal. En un artículo anterior mostré que la probabilidad de ver un proyecto de reforma electoral que incluya un sistema proporcional pasar por el Congreso es muy baja. En mi simulación de una votación de 5 proyectos de reformas electorales (sistema binominal corregido, sistema mayoritario, sistema mixto compensatorio, sistema mixto paralelo, sistema proporcional) encontré que solo pasaría un sistema binominal corregido o un sistema mayoritario. Dado que la primera fase de la propuesta de PA y el CDC es solo una corrección al sistema binominal, es natural anticipar que sea aceptada por los partidos de la Alianza (al menos RN). Es decir, dentro del rango de propuestas a reformas al sistema electoral, los partidos de la Alianza no estarían dispuestos a apoyar un proyecto que contemple representación proporcional de cualquier tipo.

El segundo problema es sobre la segunda fase propuesta por PA y el CDC. Si bien estoy de acuerdo con que el sistema binominal es poco competitivo y poco proporcional y que es necesario un redistritaje y una compensación territorial adecuada, creo que el método propuesto en el proyecto no es el mejor. Tal vez es el más viable, porque implica menos cambios (y por ende menos escollos improvistos al momento de legislar), pero no es el mejor para incorporar más competencia y proporcionalidad en el sistema. De hecho, el único gran cambio de esta propuesta es redistritar de acuerdo al censo de 2012. Eso implicaría que cada distrito y circunscripción estarían eligiendo un número de legisladores proporcional al tamaño de su población, relativo al resto de las unidades electorales en el país. Adoptar esta reforma implica omitir otros métodos de lograr lo mismo (más competencia y más proporcionalidad) pero de mejor manera.

Por ejemplo, en vez de mantener la fórmula electoral d’Hondt (que es actualmente usado para elecciones legislativas y de concejales), se podría contemplar adoptar la fórmula electoral Sainte-Laguë. Ambas son fórmulas (de método de promedio mayor) utilizadas en sistemas donde compiten múltiples partidos en múltiples listas por múltiples escaños. La diferencia es que mientras la fórmula d’Hondt usa como divisor números enteros de forma continua (1, 2, 3, 4, etc), la fórmula Sainte-Laguë usa como divisor solo números impares (1, 3, 5, 7, etc). El efecto es que el primero favorece a los partidos más grandes, mientras que el segundo es estrictamente proporcional. Incluso con múltiples partidos compitiendo en el sistema, es probable que bajo la fórmula d’Hondt el partido con la mayoría de votantes obtenga al menos la mitad de los escaños. Mi punto es que si el objetivo de la reforma electoral es aumentar la proporcionalidad se podrían contemplar métodos alternativos para distribuir los escaños.

Mi problema con la propuesta de PA y el CDC es tanto su viabilidad como su finalidad. Es poco viable que el proyecto pase por ambas fases. Lo más probable es que se logre aprobar la primera fase de aumentar el número de legisladores electos, y que previo a pasar a la segunda fase se congele de forma indefinida. Además, si la intención de PA y CDC es incorporar más competencia y proporcionalidad al sistema sugiero buscar alternativas a la fórmula electoral d’Hondt. Sainte-Laguë es mi favorita, pero existen otras que se insertarían bien dentro de la realidad chilena, como los de método de resto menor Hare quota, Droop quota o Imperiali quota. O si se decide mantener la fórmula actual, bien se podría considerar la viabilidad de crear una lista nacional para corregir las distorsiones que provoca.

Mi propuesta se aleja bastante de la de PA y CDC. En un artículo anterior argumenté que una reforma electoral gradual es una mala estrategia para un sistema de partidos congelado. Lo más probable es que proyectos de reforma electoral gradual se estaquen de forma permanente en el Congreso. Desde mi perspectiva, creo que una reforma electoral debe incluir todas las reformas que alguna vez se piensen hacer. Es decir, el proyecto de reforma electoral debe ser definitivo e inclusivo. Debe comprender el tipo de sistema (uninominal, binominal, proporcional), el método de registro (inscripción automática, inscripción voluntaria), las carácter del voto (voto voluntario, voto obligatorio), los aspectos geográficos (mantener distritos actuales, redistritar) y el número de legisladores a elegir. Avanzar hacia una reforma electoral de forma gradual no ha sido una buena estrategia en los últimos 20 años. Sería mucho más fructífero para la democracia ver los enclaves autoritarios eliminados de una buena vez.