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La Caída de RN

Renovación Nacional y la Unión Demócrata Independiente están juntos porque se necesitan, no porque lo quieren. Si compitiendo individualmente podrían obtener como mínimo las cuotas de poder que obtienen compitiendo en conjunto, se pondría fin a la Alianza por Chile.

Por ser una coalición necesaria, la distribución interna de poder a menudo acaba en negociaciones arduas y complicadas, que rara vez dejan satisfechas a ambas partes. Porque lo que le conviene a uno, no necesariamente le conviene al otro. Sin embargo, han decidido permanecer juntos durante las últimas dos décadas.

El origen de ésta paradoja está en la formación de la coalición en 1989, tras el retorno a la democracia. Si bien un clivaje ideológico agrupó a los partidos que se opusieron al gobierno militar en una coalición, y a los que estuvieron a favor en otra coalición, han sido las reglas electorales las que las han perpetuado.

Por un lado, las reglas de elecciones presidenciales dan por vencedor al candidato que logre más de 50% de los votos. Esto ha llevado a que los partidos busquen agruparse en coaliciones para obtener una mayoría que de otra forma sería imposible.

Por otro lado, las reglas de elecciones legislativas otorgan 2 escaños a la lista más votada si logra doblar en votos a la segunda lista más votada. Esta ha llevado que los partidos busquen agruparse en coaliciones para intentar doblar a la otra coalición, o bien para evitar el doblaje en contra.

En un comienzo, RN fue el partido más poderoso dentro de la Alianza. Se impuso a la UDI en todas las elecciones que siguieron el retorno a la democracia, lo que le permitió ser el controlador de las decisiones dentro de la coalición y preservar el poder al auto-designarse la mayoría de los cupos electorales.

En 2000 esta situación se revirtió. Si bien fue en gran parte debido a los constantes conflictos entre la UDI y RN, tres hechos específicos destacan como los responsables en el cambio en el balance de poder, donde la UDI finalmente reemplazó a RN como el partido más grande de la coalición.

El primer hecho lo protagonizaron Sebastián Piñera y Evelyn Matthei en 1993. En la batalla por la candidatura presidencial, el espionaje telefónico a una conversación de Piñera (Piñeragate) derrumbó la esperanza de ambos. Finalmente Matthei renunció a RN y se sumó a la UDI.

El segundo hecho se dio en el marco de las convenciones presidenciales de la Alianza el mismo año, cuando RN levantó a Manuel Feliú como candidato, pero las élites de la UDI unilateralmente decidieron reemplazarlo con un candidato de su propio sector: Arturo Alessandri Besa.

El tercer hecho se dio en las elecciones senatoriales de 1997, cuando la “campaña de las drogas” de Carlos Bombal (UDI) amartilló la de Andrés Allamand (RN) en Santiago Oriente. El ímpetu de la victoria llevó a que Joaquín Lavín (UDI), alcalde de Santiago, se auto-proclamara el candidato presidencial de 1999.

El exitoso–y sorpresivo–rendimiento de Lavín en las elecciones presidenciales de 1999 fue el principio de la caída definitiva de RN. La potente campaña de Lavín fue usada por la UDI como la inspiración para movilizar a todos los votantes de la derecha tras su causa.

En 2000, el mismo año que la segunda vuelta presidencial, la UDI por primera vez logró obtener más votos que RN en una elección. El hecho marcó el final del liderazgo de RN. En 2001, 2004, 2005, 2008 y 2009 la UDI fue el partido más votado de la Alianza.

El poder en la Alianza suma-zero. Cuando un partido obtiene poder, es a costo del otro. Y la historia muestra que el poder ha sido sistemáticamente transferido desde RN hacia la UDI. Sin un cambio significativo a las reglas electorales, RN está condenado a permanecer como el partido más pequeño de la derecha.

La Otra Distorsión del Binominal

La distorsión más conocida del binominal es que obliga a una lista obtener más de 66,7% para sacar electo a sus dos candidatos (doblaje). Otra distorsión menos conocida es que en algunos casos permite que candidatos con la tercera preferencia de la unidad electoral sean electos. Una nota publicada en La Tercera reportó los nombres de los beneficiados en 2009.

Senadores

XV Región: Jaime Orpis (UDI) fue electo con 56.390 votos. Pese a que Salvador Urrutia (ILD) obtuvo 47.087 votos, Fulvio Rossi (PS) llegó al Senado con 45.639 votos.

Diputados

Distrito 5 (Copiapó): Lautaro Carmona (PC) fue elegido con 17.022 votos. Anita Quiroga (DC) obtuvo 13.503 votos, pero Carlos Vilches (UDI) llegó a la Cámara con 13.159 votos.

Distrito 10 (La Ligua): Andrea Molina (ILB) ganó con 36 mil votos. Alfonso Vargas (RN) obtuvo 34.859, pero salió electo Eduardo Cerda (PDC), con 30.017 votos.

Distrito 12 (Villa Alemana): Arturo Squella (UDI) salió con 30.108 votos. Pese a que Amelia Herrera (RN) obtuvo 30.092, Marcelo Schilling (PS) la dejó en el camino, con 24.124 votos.

Distrito 20 (Estación Central): Mónica Zalaquett (UDI) resultó electa con 56.168. Alvaro Escobar (ILC) obtuvo 52.755 votos, pero el diputado es Pepe Auth (PPD), con 49.981.

Distrito 25 (Macul): Ximena Vidal (PPD) ganó con 43.794 votos. Pese a que Gonzalo Duarte (PDC) tuvo 29.876, Felipe Salaberry (UDI) consiguió el puesto con 28.444 votos.

Distrito 28 (San Miguel): Guillermo Teillier salió con 49.040 votos. Jorge Insunza (PPD) consiguió 36.004 votos, pero Pedro Browne (RN), con 31.882, ganó.

Distrito 41 (Chillán): Rosauro Martínez (RN) resultó electo con 42.385 votos. Si bien Paz Oyarzún (UDI) obtuvo 31.885 votos, Carlos Abel Jarpa (PRSD) se quedó con el escaño, al conseguir 24.093 votos.

Distrito 42 (San Carlos): Jorge Sabag (PDC) obtuvo 32.174 y salió elegido. Si bien Felipe Letelier (PPD) sacó 26.644 votos, Frank Sauerbaum (RN) se quedó con el puesto, con 22.861.

Distrito 51 (Nueva Imperial): Joaquín Tuma (PPD) fue electo con 16.327 votos. Pese a que José Inostroza (ILA) obtuvo 12.077 votos, José Manuel Edwards (RN) llegó a la Cámara con 11.275.

Distrito 59 (Coyhaique): El diputado David Sandoval (UDI) obtuvo 12.092 votos. Aunque Pablo Galilea (RN) consiguió 10.323, fue René Alinco (ex PPD) quien se quedó con el puesto, con 9.381.

Candidato Presidencial de la Concertación

Hace un par de semanas publiqué un artículo argumentando que la probabilidad de la Alianza de ganar en las próximas elecciones presidenciales aumenta significativamente si selecciona a su candidato mediante elecciones primarias. Incluso sostuve que ‘la coalición que establezca primarias nacionales, abiertas y vinculantes primero, tendrá una ventaja sustantiva sobre la otra coalición en la carrera de 2013′.

Aquí explico por qué la Concertación puede dar un paso crucial en su travesía a ganar en 2013 al establecer primarias

La encuesta Adimark (Mayo 2011) es lapidaria en mostrar que la política esta en crisis. Ambas coaliciones obtienen inéditos niveles de rechazo. Mientras la Alianza obtiene un 57%, la Concertación obtiene un 65%. Si bien estos niveles son preocupantes, no son sorprendentes. Hace varios años que las instituciones políticas (e.g., congreso, partidos políticos) son las peores evaluadas entre todas las instituciones. Asimismo hay una constante tendencia hacia una menor identificación de la gente con los partidos políticos.

Veo 2 causas a este problema:

  1. Prolongada descoordinación dentro de las coaliciones.
  2. Creciente pauperización entre partidos políticos y ciudadanía.

Mientras la tortuosa relación entre RN y la UDI se agrava día a día, la Concertación ha sido incapaz de ordenar filas después del fracaso electoral de 2009. El sistema electoral poco competitivo y poco representativo ha llevado a las cúpulas políticas a ser las determinantes unilaterales de las agendas de los partidos. La nominación de candidatos sin lazos reales con sus unidades electorales (distritos, circunscripciones) y la exclusión de la voluntad de los votantes en proyectos de calibre nacional, son indicadores de una política de élites.

Por definición la política de élites es un problema para la democracia. Y desde mi punto de vista la única solución a este problema es por medio de cambios estructurales. Dado que las instituciones determinan el comportamiento de los actores políticos, establecer incentivos donde la clase política requiera inevitablemente responder–al menos parcialmente–a demandas ciudadanas. Ciertamente el mejor de los cambios sería un cambio al sistema electoral. Pero hay varios otras cosas que se pueden hacer que no implican reformas constitucionales.

Para revertir el problema, es imperativo enfocarse en las dos causas–nombradas arriba. La Concertación tiene una buena oportunidad de revertir su tendencia al rechazo al implementar elecciones primarias para seleccionar a su candidato presidencial. Con esto la Concertación manda una señal que sus partidos están coordinados, y en sintonía con la ciudadanía. Si bien la Concertación tiene una tradición de primarias (salvo 2005 cuando Alvear se retiró), debe perfeccionar el mecanismo incorporando la–lenta pero significativa–evolución de preferencias políticas.

La Concertación debe establecer primarias nacionales, semi-abiertas y vinculantes.

  • Nacionales para evitar primarias “arregladas”, como la de 2009 cuando Frei y Gómez compitieron en dos regiones de las quince posibles, y la elección de Frei como candidato fue más bien una nominación de las élites.
  • Semi-abiertas para incorporar la mayor cantidad de demandas ciudadanas posible. Una inscripción de un candidato por cada partido de la Concertación. Además debe haber una invitación a los partido que actualmente no es parte de la coalición, pero que quieran llevar un candidato presidencial (e.g., PRI, PRO, MAS, PC, PH). De modo que los militantes de todos los partidos participantes, y aquellos no inscritos en otros partidos, puedan votar.
  • Vinculantes para darle más legitimidad al proceso. Dado que los partidos más grandes tienen más votantes, tienen una mayor probabilidad de elegir un candidato de sus filas. Pero en el caso que exista un candidato de otro partido que sea mejor en los ojos de los votantes, los partidos de la Concertación deberán aceptar el veredicto. Total, el candidato será el más representativo de un universo mayor de votantes.

En definitiva, establecer primarias entrega dos beneficios a la Concertación. Primero, ayudan a restablecer la conexión democrática entre las élites y los partidos. Esto puede significar revertir sustancialmente la evaluación negativa de la coalición, y solidificar la base de sus prospectivas electorales para 2012 y 2013. Segundo, ayudan a elegir el mejor candidato posible. No incluir a otros partidos, por estar fuera de la Concertación, es un error. La Concertación necesita apuntar a elegir el mejor candidato posible, no al mejor candidato de la Democracia Cristiana o del Partido Radical.